01.07.2020

Las rebeliones y protestas que se llevaron a cabo hace 51 años en el barrio neoyorquino de Greenwich Village (Estados Unidos), convirtieron el 28 de junio, en una fecha icónica para una comunidad que ha existido desde siempre, pero que vio sometida su existencia a negaciones por parte de la sociedad. Encasillar la diversidad sexual en un mundo definido como binario, determinada por los genitales, anula toda noción de que la misma exista, que sea entendida como vital e indispensable en la contribución de la construcción de nuestras culturas y relaciones como sociedad.

Estas rebeliones, buscaron desde sus inicios la visibilidad de otras maneras de ser posibles, muy diferentes a las ya reconocidas por la heteronormatividad. El fin último, siempre ha sido exigir legislaciones que protejan contra la discriminación o cualquier manera de violencia, y sobre todo garantizar el acceso a la justicia, asegurando la libertad.

Hay que reconocer que el constante trabajo realizado por el colectivo LGBTIQ+, hoy brinda sus frutos. Ha generado maneras de inclusión política, económica y social. Sin embargo, el ORGULLO que hoy proclamamos sigue siendo tema de lucha y resistencia.

Para nosotras, “Catarsis”, siendo parte del colectivo, viviendo en un mundo real y en un país como el nuestro, sabemos que las barreras de reconocernos y aceptarnos en todos los ámbitos de nuestra vida es un proceso personal que, la mayoría de veces, termina en el “closet”. Nos termina ganando el miedo.

¿Cómo ir proclamando diversidad ante círculos sociales que aún estereotipan y exigen que nos “comportemos” dentro de lo que consideran normal y aceptado?

El seguir escuchando comentarios como “No tenemos problemas con que sean pareja, pero por favor no tengan muestras afectivas…”, o el, “no pareces… es solo una fase” O el tan chistosito “yo te quito lo gay”, terminan evidenciando que la transformación está en que nosotres, siendo parte, o quiénes empaticen, tengamos cambios en nuestras maneras de comunicarnos y actuar

Cada acción que modifiquemos y veamos desde otra perspectiva, es lo que nos llevará a la aceptación frente a la diversidad. Nuestro Orgullo ha sido un proceso, un camino interno que al final se refleja en el exterior, la coherencia de lo que siempre hemos sido, porque así nos hemos sentido, diferentes, ahora lo debemos reclamar con mayor convicción. La verdadera revolución consistirá en poder ser más libres en todos los aspectos de nuestra vida, el poder evidenciar nuestra manera de ver el mundo, pero también hacer todo por construir ese mundo que soñamos, siempre en colectivo.

La diversidad supone el reconocimiento del otro, como individuo y como ser único; somos irrepetibles, por eso es tan importante conocernos, conocer lo que queremos para saber hacia dónde ir. No hay pensamientos o posturas definitivas, ni definiciones absolutas frente a lo que el otro puede ser, pensar, sentir o vivir.

La Revolución del amor NO es un concepto efímero, gaseoso y publicitario. Nuestra resistencia no es un producto para que grandes marcas puedan afianzar y mercantilizar, o grupos aberrados como el MAP puedan polarizar. ¡Tenemos que unirnos más que nunca! Tener y recordar el foco del por qué estamos orgullosxs de quienes somos. La fiesta ya vendrá….

Una Opinión de,

Carolina Guerrero

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